No tengo ni idea de dónde está Bielorrusia

Bielorrúsia

Pero ni idea, vamos. Ni Bielorrusia, ni Armenia, ni tampoco Azerbaiyán. Quizá los tenga algo presentes cuando ronda la noche de Eurovisión y algún indie musculado y orgulloso de su folklore canta en un idioma ignoto, rodeado de bengalas de esas que se lanzan cuando te pierdes en la mar; pero por lo demás, soy absolutamente incapaz de situarlos en un mapa. Si es mudo, claro.

Bueno, soy no, era, porque desde septiembre me estoy sacando primero y tercero de primaria, a la vez, según la LOMCE y en programa bilingüe. Todo un reto.

¿Saben ustedes cómo se dice bazo en inglés? Yo tampoco. Me paso el día conectada al google translator, incapaz de pronunciar otorhinolaryngologist sin que parezca que me he atragantado por comer con ansia o de recordar si el quotient se ponía arriba o abajo, a un lado o a otro de la cajita. Ojo que no estamos hablando de algoritmos de división euclidiana, que me refiero a ciento veinte entre dos. O a un Pedro tenía seis árboles, Peter had six trees, y cada uno con equis manzanas, each one with exs apples, que me lo tengo que leer tres veces y aun así no encuentro lógica alguna.

La lengua se me da mejor, no lo saquen ustedes de contexto, morfología, sintaxis, ortografía, ahí me encuentro yo en mi salsa, there I am on my own sauce, distribuyendo sujetos y predicados como si los fueran a prohibir. Forbid, forbade, forbbiden. Esos ejercicios de caligrafía con las letras cursivas apenas marcadas por una línea discontinua me retrotraen a los 80, al sabor del foie-gras en pan tostado y al Dabadabadá.

Hoy me veo, como en aquella época, haciendo deberes al salir de clase, hincando codos, adelantando tareas, con la diferencia de peinar ya canas, haber pasado por el bachillerato y la carrera, y dos o tres docenas de seminarios. La tecnología hoy es mi aliada, eso sí. Apunto sus exámenes en la agenda del outlook, trapicheo con fotos de libros de otras madres por whatsapp y localizo con soltura páginas en la deep internet capaces de descubrirte la geomorfología de Europa de forma dinámica y en un pispás.

Lo peor de todo no es el agotamiento físico e intelectual que siento a las siete de la tarde, la imposibilidad de enseñar con paciencia o siquiera recordar mi nombre o dónde estoy; lo peor, peorcísimo de todo es mirar a los ojos de mis hijas, acostumbradas como estaban a levantar la cara y hallar en mí un pozo de conocimiento sin fin, y ver que hoy dudan de su madre, de su opinión, de su criterio, de su sapiencia y materia gris. Y me mortifica saber cuándo tuvo lugar ese fatídico punto de inflexión, ese ya no hay vuelta atrás.

Corría el mes de diciembre cuando tocó estudiar Europa física y en un repaso previo al examen, Lamayor me dijo:

– Mamá, te has olvidado de incluir el Monte Elbrús.

– ¿Perdón? – dije yo con pasmo.

– El Monte Elbrús – repitió ella.

– Ese monte no existe, cielo.

– Claro que existe, mamá.

– ¿No será el Monte Rushmore? ¿El Monte Perdido? ¿El de Piedad?

– No, mamá, El – silencio tajante y retador – Brús.

– Hija, es que yo solo conozco “Elbrús del autobús”…

Tras esta broma idiota, y al ver cómo mi primogénita me miraba con una despreciativa cara de insecto palo, me fui a la Montipedia, ¿qué iba a hacer si no?, con el ego deseoso de que la niña no llevara razón. Descubrí sin embargo una entrada vergonzante a nombre de “Monte Elbrús”, 5.642 m, punto más elevado de Europa, montaña más alta de Rusia y de la Cordillera del Cáucaso.

J#der 🙁

Avergonzada, me replegué, le pedí perdón por no haber confiado en ella y finalicé nuestro encuentro con la peor frase posible. “Hija, es que eso, en mis tiempos, no existía”. Y ahí, con esa mentira mía, comenzó su duda y su juicio constante, la mentira torpe que me bajó a patadas del pedestal.

No te lo perdonaré jamás, Monte Elbrús, jamás.

Eva Quevedo

Eva Quevedo

Publicitaria de profesión y vocación, CM, madre acróbata y bloguera. Eva y su Blog De Madre desprenden ironía en cada una de las historias que nos cuentan. Todo “buenrollismo”, como dice ella. Su blog dio el salto de la red a las tiendas al editar un divertido libro con Plaza&Janés. Una forma de sacarle punta a la maternidad y de curar el caos cotidiano a base de amor, humor y un poquito de locura.

  • Ana Colmenares

    Qué bueno. Me siento muy identificada. Mi hijo al llegar a sexto ya ni se preocupa de hacerme preguntas, directamente se va a “San Google que todolosabe”

    14 Marzo, 2016 at 9:45 am Responder
    • Eva

      Google nos ha destronado, amiga 🙂

      14 Octubre, 2016 at 2:02 pm Responder

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