Una historia de miedo

historia de terror

Una mujer sale de su habitación en plena noche, asustada, entorna la puerta despacio y comienza a andar por el pasillo. Unos extraños ruidos “ñiiiiiii, ñiiiiii”, invaden la casa ahora a oscuras. Lo está pasando francamente mal. La luz de la luna entra por las ventanas, colándose entre las cortinas que juegan impulsadas por pequeñas corrientes de aire. Un búho ulula a lo lejos, no tiene otro momento, la criaturita.

Avanza por el pasillo aterrorizada, “ñiiiii, ñiiiii”, mirando detrás de cada puerta, de cada esquina, el corazón latiendo a mil. Temblorosa, se asoma a la parte trasera del sofá, “ñiiiii, ñiiiii”, no quiere hacerlo porque no sabe qué se puede encontrar. Preferiría volver corriendo a la cama y meterse temblando bajo las sábanas, pero sabe que el ruido no le dejaría dormir.

Llega al cuarto de juegos de los niños. Entra. Un payaso semi iluminado por la luna y un mono con platillos la miran desafiantes desde el suelo. Un mínimo resto de batería mueve al mono agonizante que intenta hacer sonar sus platillos, pero se queda sin fuerzas instantes antes de que el acero consiga hacer “clinnn”. Desde la cómoda, una muñeca pendula en el aire sujeta por un cordón asido al cuello. Con los ojos entornados y gesto de angustia, mira a la madre y extiende los brazos pidiendo ayuda.  “Ñiiiiiii, ñiiiiii”.

– ¿Hay alguien ahí? – apenas le sale la voz de lo malita que está.

Nadie contesta.

La mujer continúa andando, la espalda pegada a la pared, y se para frente a la puerta del cuarto de su hija. “Ñiiiii, ñiiiiiii”. Cada vez más audible. “Ñiiiii, ñiiiiii”. Respira hondo, reúne todo el valor que guarda no sabe dónde y empuja la puerta con el pie. Los brazos cruzados frente a la cara en postura ninja, prestos a soltar un zurriagazo a cualquier figura extraña que ose salir de ahí.

Sobre la cama, “ñiiii, ñiiiii”, está su hija sentada con la cara oculta bajo una espesa cortina de pelo. Recuerda en ese momento la madre que se lo tiene que cortar. La mirada de la mujer recorre la habitación intentando localizar ese ruido que cada vez se hace más insoportable.

– Cariño, ¿estás despierta? – dice sin atreverse a entrar.

Apenas iluminada por la luz del exterior, la niña no reacciona. La barbilla pegada al pecho, los brazos inertes a ambos lados de un camisón blanco arrugado por el sueño. De repente, un espasmo le sacude el cuerpo entero. La niña alza la cara, sonríe dormida, o despierta, quién sabe, qué susto, madre mía, y continua rechinando los dientes con frenesí. “Ñiiiii, ñiiiiii”. Con las mismas se revuelve, masculla algo en arameo y se tumba de nuevo a dormir.

Agotada por el miedo, el cabreo y los efectos del bruxismo infantil en su desvelo, la madre regresa sobre sus pasos dispuesta a recuperar el sueño interrumpido. Empuja la puerta de su dormitorio y oye cómo su marido ronca estrepitosamente, como un cavernícola devorando un mamut.

-… Y que esto no me dé miedo… – murmura para sí, la pobre, con resignación.

Eva Quevedo

Eva Quevedo

Publicitaria de profesión y vocación, CM, madre acróbata y bloguera. Eva y su Blog De Madre desprenden ironía en cada una de las historias que nos cuentan. Todo “buenrollismo”, como dice ella. Su blog dio el salto de la red a las tiendas al editar un divertido libro con Plaza&Janés. Una forma de sacarle punta a la maternidad y de curar el caos cotidiano a base de amor, humor y un poquito de locura.

  • Esperanza

    Jajajaja. Mi hijo de 3 años tiene bruxismo. A mí no me dio miedo cuando le oí por primera vez porque yo también lo tengo y sabía perfectamente que era eso. Eso sí, no puedo evitar que me de grima cada vez que le escucho rechinarlos.

    15 Abril, 2015 at 1:18 pm Responder
    • Blogdemadre

      Grima…susto… lo mejor es tomárselo con una sonrisa 🙂

      16 Abril, 2015 at 1:16 pm Responder
  • Pilar

    Pero que barbaridad, que increible. Soy bruxista y esta historia me indigna. No le veo la ejemplaridad por ninguna parte. Ni que fuesemos seres diabólicos por Dios.

    15 Abril, 2015 at 7:35 pm Responder
    • Blogdemadre

      Hola, Pilar. Siento que te haya ofendido. Es una forma irónica de sacarle el punto positivo a un situación. Yo, la que lo ha escrito, también lo padezco desde que soy pequeña. Reirme de ello me ayuda a normalizarlo 🙂 Siento mucho que no lo veas igual.

      16 Abril, 2015 at 1:09 pm Responder

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