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Reflexiones flojas antes de Reyes

muñeca

Viendo que se acerca la festejada y jolgoriosa Noche de Reyes, acompañada siempre de buenos deseos, regalos, compras y apertura, y apretura, extrema de monedero, servidora mira al infinito, se atusa el flequillo y se pone a divagar…

…Y es que cuando yo era pequeña, en pleno auge de la brújula y el astrolabio medieval, las niñas nos dividíamos en dos grandes grupos homogéneos: las vigorosas que ponían a prueba la tirantez de su coleta saltando a la cuerda sin resuello y como consecuencia llevaban siempre los calcetines bajos; y las sedentes que yacíamos en un bordillo, confeccionando para nuestros muñecos vestiditos, rebequitas y otras cosas de tergal. Estos muñecos eran bebés rechonchos, calvitos, con los puñitos cerrados y una indiscutible forma humana, algo que favorecía que les pudieras coger cariño y poner nombres súper cursis. Les acunábamos, les abrigábamos y les dábamos de comer flores maceradas en una salsa color púrpura, preparándonos así para lo que nos esperaba en la vida adulta si elegíamos la ardua y nunca bien ponderada opción de ser madres.

El año pasado, por estas fechas, mi hija mayor pidió a los Reyes una muñeca que a todas luces estaba muerta. Con el pelo cardado, la tez cetrina, unos brazos como filamentos fruto seguramente del no comer y un par de smokey eyes que ya los querría para sí Shakira. Yo hice lo correcto, lo que una madre moderna y preocupada haría siempre en mi lugar: no comprársela. Argumentando todo tipo de vicisitudes en la llegada de regalos desde Oriente, la muñeca escuálida fue sustituida in extremis por una cabeza con pelo a la que se puede maquillar. Es cierto que si se abusa del colorido en el párpado móvil puede llegar a parecer una mujer de vida disoluta recién salida del lupanar, pero en cualquier caso siempre es mejor opción que la muerta, dónde va a parar.

No sé si mi decisión fue acertada o no, lo que sé es que he conseguido hacer a mi hija una paria entre sus iguales porque todas sus amigas la tienen y ella no, algo que me llena de tristeza y me obliga a recurrir a la historia del que se tira por el puente muchas más veces de las que me gustaría. Espero que no me juzguen, ¿qué habrían hecho ustedes en mi lugar?, ¿cómo explicar a una niña de seis años que está fatal jugar con difuntos? Afortunadamente esa moda pasó y este año no ha pedido nada peligroso para su integridad física o moral, así que no me he visto obligada a revisar e intervenir curiosa las alforjas de los camellos, reteniendo en la aduana todos aquellos juguetes que no le hagan crecer como persona.

Y yo puedo darme por satisfecha, ojo, porque atesoro niñas en casa y no niños, acabados en os, porque  enfrentarme a bichos verdes que salen de la lava con las uñas sucias, energúmenos cargados de pistolas y anabolizantes y monstruos polimorfos en diferentes estados de descomposición, la verdad, me sobrepasaría y acabaría con mi buen humor.

Desde mi humilde posición de madre abnegada pediría a la industria juguetera mundial que dejara de matar muñecas, que eso está feo, hombre. También que no fabricara muñecos que fueran en contra de las normas básicas de higiene o que escaparan de la proporción áurea.  Y ya que estamos, que olviden también los cacharros con música punky sin regulador de volumen, que para la siesta van fatal. Gracias.

Madre precavida vale por dos y si las Navidades se acercan vale por tres

regalo

Madre precavida vale por dos, así de claro y con las fechas que se nos echan encima casi podría decir que vale por tres. Sí, habéis acertado, estoy pensando en las temidas Navidades. Noviembre ya nos ha dicho bye-bye y ahora en Diciembre el tiempo pasa el doble de rápido. No sé por qué sucede esto, pero cualquier madre que me lea sabrá de lo que hablo. 

Primero llega la festividad de la Constitución, que aunque este año es cortita, cuando queramos darnos cuenta nos plantamos a mitad de mes. Después llegan compromisos varios, cafés con esas amigas o grupos a los que siempre se les ocurre quedar en estas fechas tan entrañables. Por supuesto, no podemos olvidarnos de las comidas/cenas de empresa. Y, seamos honestos, llegados a este punto y edad tras una comida/cena de empresa hay que reponerse de jaquecas, resacas, falta de sueño. Que una ya no es tan joven como antes y una copilla de ná o dormir unas horas de menos o la combinación de ambas cosas deja secuelas.

Y entre que te repones y comienzas a organizar el Plan Papá Noel y el Plan Reyes Magos, casi sin darte cuenta te juntas con el Plan qué y dónde cenamos en Nochebuena y con el Plan No pienso aguantar ni una a tu madre (llamada también suegra). Un estrés vamos.

Y mira, yo no estoy para nerviosismos este año, que 2014 ha sido muy duro. Necesito sosiego y tranquilidad. Y como ya sabéis que soy megaordenada (si no lo recordáis os recomiendo el post donde os hablo de mis multi agendas) y también megaprevisora, este año he decidido hacer las cosas con tiempo.

Ya en Noviembre comencé a dar vueltas al asunto y me organicé el plan prioritario: los regalos de los niños, en este caso el de Rayo y mi sobrina. El de la niña pan comido, un poco de Princesa Sofía por aquí, Frozen y Violeta y asunto arreglado. Para Rayo, unos libros (mi lector no puede pasar sin ellos), unos juegos de mesa (este año ya tiene más paciencia y se lo pasa en grande con cualquier juego), incluido el famoso y manido Twister –que no Twitter, mal pensados-. ¿Os acordáis de cuando jugábamos de pequeños? Anda que no nos hemos reído con las posturas imposibles, el chocar con el compañero y demás tontunas. Ya que los amigos nos visitan asiduamente, será un juego divertido para echar unas risas más de una tarde. El grueso está ya depositado en nuestro cuarto trastero para los días más especiales. Queda alguna cosilla por ultimar para Rayo, relacionada con su pasión, el fútbol, como no podía ser de otra manera. Y con eso, por nuestra parte, tendremos la operación Regalos Niños finiquitada.

La operación Regalos Adultos no va nada mal, gracias a mi afición a la compra online. Anda que no me salva a mí de apuros esto de comprar sentadita en mi ordenador. Hay una máxima en mi familia: las Navidades son para los niños, así que para el resto los regalos han de ser detallitos, para no gastar en exceso, que las economías no andan para tirar cohetes. Este año he querido cumplir ese requisito pero sin descuidar el hecho de que sea un regalo que, seguro, saque más de una sonrisa. Permitidme que no revele más, pero mi familia me lee y no quisiera yo desvelar la sorpresa antes de tiempo.

Y para rematar la jugada el pasado fin de semana, mientras mi madre y yo hablábamos de cosas vanales, salió el tema de la Navidad, cenas, comidas y eventos varios. Y ya de paso organizamos, como quien no quiere la cosa, que las cenas las haríamos en mi casa. Hasta hablamos de menú, ¡no os digo más!

Así que en esta familia, por una vez, estas entrañables Navidades no serán motivo de estrés porque ya está todo súper organizadito, y eso que estamos comenzando Diciembre.

¿Y vosotros? ¿Ya tenéis las fiestas en mente?, ¿habéis organizado el Plan Regalos y el Plan Festejos?

Si aún lo tenéis manga por hombro, no os hagáis los remolones y recordad que madre/padre precavido vale por dos, y por tres si es Navidad :)

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