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Madre precavida vale por dos y si las Navidades se acercan vale por tres

regalo

Madre precavida vale por dos, así de claro y con las fechas que se nos echan encima casi podría decir que vale por tres. Sí, habéis acertado, estoy pensando en las temidas Navidades. Noviembre ya nos ha dicho bye-bye y ahora en Diciembre el tiempo pasa el doble de rápido. No sé por qué sucede esto, pero cualquier madre que me lea sabrá de lo que hablo. 

Primero llega la festividad de la Constitución, que aunque este año es cortita, cuando queramos darnos cuenta nos plantamos a mitad de mes. Después llegan compromisos varios, cafés con esas amigas o grupos a los que siempre se les ocurre quedar en estas fechas tan entrañables. Por supuesto, no podemos olvidarnos de las comidas/cenas de empresa. Y, seamos honestos, llegados a este punto y edad tras una comida/cena de empresa hay que reponerse de jaquecas, resacas, falta de sueño. Que una ya no es tan joven como antes y una copilla de ná o dormir unas horas de menos o la combinación de ambas cosas deja secuelas.

Y entre que te repones y comienzas a organizar el Plan Papá Noel y el Plan Reyes Magos, casi sin darte cuenta te juntas con el Plan qué y dónde cenamos en Nochebuena y con el Plan No pienso aguantar ni una a tu madre (llamada también suegra). Un estrés vamos.

Y mira, yo no estoy para nerviosismos este año, que 2014 ha sido muy duro. Necesito sosiego y tranquilidad. Y como ya sabéis que soy megaordenada (si no lo recordáis os recomiendo el post donde os hablo de mis multi agendas) y también megaprevisora, este año he decidido hacer las cosas con tiempo.

Ya en Noviembre comencé a dar vueltas al asunto y me organicé el plan prioritario: los regalos de los niños, en este caso el de Rayo y mi sobrina. El de la niña pan comido, un poco de Princesa Sofía por aquí, Frozen y Violeta y asunto arreglado. Para Rayo, unos libros (mi lector no puede pasar sin ellos), unos juegos de mesa (este año ya tiene más paciencia y se lo pasa en grande con cualquier juego), incluido el famoso y manido Twister –que no Twitter, mal pensados-. ¿Os acordáis de cuando jugábamos de pequeños? Anda que no nos hemos reído con las posturas imposibles, el chocar con el compañero y demás tontunas. Ya que los amigos nos visitan asiduamente, será un juego divertido para echar unas risas más de una tarde. El grueso está ya depositado en nuestro cuarto trastero para los días más especiales. Queda alguna cosilla por ultimar para Rayo, relacionada con su pasión, el fútbol, como no podía ser de otra manera. Y con eso, por nuestra parte, tendremos la operación Regalos Niños finiquitada.

La operación Regalos Adultos no va nada mal, gracias a mi afición a la compra online. Anda que no me salva a mí de apuros esto de comprar sentadita en mi ordenador. Hay una máxima en mi familia: las Navidades son para los niños, así que para el resto los regalos han de ser detallitos, para no gastar en exceso, que las economías no andan para tirar cohetes. Este año he querido cumplir ese requisito pero sin descuidar el hecho de que sea un regalo que, seguro, saque más de una sonrisa. Permitidme que no revele más, pero mi familia me lee y no quisiera yo desvelar la sorpresa antes de tiempo.

Y para rematar la jugada el pasado fin de semana, mientras mi madre y yo hablábamos de cosas vanales, salió el tema de la Navidad, cenas, comidas y eventos varios. Y ya de paso organizamos, como quien no quiere la cosa, que las cenas las haríamos en mi casa. Hasta hablamos de menú, ¡no os digo más!

Así que en esta familia, por una vez, estas entrañables Navidades no serán motivo de estrés porque ya está todo súper organizadito, y eso que estamos comenzando Diciembre.

¿Y vosotros? ¿Ya tenéis las fiestas en mente?, ¿habéis organizado el Plan Regalos y el Plan Festejos?

Si aún lo tenéis manga por hombro, no os hagáis los remolones y recordad que madre/padre precavido vale por dos, y por tres si es Navidad :)

Enredadas en las redes sociales

redes sociales

No sé ustedes pero yo desde que comenzó el auge de las redes sociales me he vuelto una cotilla de campeonato. Soy una vieja pelleja tras el visillo de lo “on line”, espiando a los vecinos de urbanización y las fotos que cuelgan en sus muros. Tal es el vicio, que cuando conozco a alguien lo primero que hago es correr a ver su perfil antes siquiera de estrechar su mano. Me servirá para ver cuánto me puedo fiar de él en función de cuánto expone de sí mismo. Peligroso, lo sé. Pero tan divertido…

Porque por cotilla a veces hago descubrimientos maravillosos y otras me doy sustos gordos. Hace días vi el perfil de la nueva profesora de gimnasia del colegio de mis hijas y no pude evitar abrir la boca con pasmo. ¡Su novio es tatuador! ¡Y le llama cari! ¡Y tienen doce gatos!

Yo, que no soy nada prejuiciosa y creo en la entera libertad individual, no he tenido más remedio que sacar inmediatamente a mis hijas de gimnasia y apuntarlas a Yoga infantil, clase impartida por un profesor hippie que no cree en esto de la era de la información y no se cepilla el pelo desde que salió el One Touch Easy en 1998. Por más que he buscado no he encontrado ni un solo dato suyo en la red. Que puede ser un secuestrador eslovaco camuflado, pues mira, puede, pero mientras yo no lo sepa…

Me pregunto a mí misma con cierta insistencia qué haré cuando ellas tengan edad de teclear mi nombre en un buscador y echen un vistazo al histórico de su madre a través de la información que circule por internet. ¿Les gustarán los artículos que compartí, las fotos que retoqué, los comentarios que recibí o la gente a la que juzgué? ¿Les será útil para conocer mejor a la mujer que fue su madre, se asustarán o almacenarán material para extorsionarme?

Me pregunto también, cómo no hacerlo, de qué forma gestionarán ellas su imagen y sus relaciones a través de la pantalla de un ordenador, de un teléfono móvil o de un trigametador de partículas, vaya usted a saber lo que nos depara la tecnología futura. Este ansia mía por saber me devuelve a la memoria los métodos de control de mi madre, que consistían básicamente en sentarse a mi lado mientras cenaba tras salir con mis amigos, encender el flexo e interrogarme pausada y comprensiva durante seis largas horas. La información que ella obtenía dependía en todo momento de lo que yo estuviera dispuesta a contar para liberarme y poder recostarme en la cama a rebajar los efectos de ese último refresco de cola que me había sentado fatal. Quizá hablara con las madres de mis amigas, quizá me siguiera por la calle cincuenta pasos por detrás, pero el grueso de la comunicación dependía de nosotras mismas.

Intuyo que ya no es así.

Sé que en el futuro tendré información sobre mis hijas a sólo un golpe de clic, sé que podré controlar sin ser vista, revisar, curiosear y preocuparme a mis anchas, mientras trato de apuntarme a todos los cursos 6.0 que imparta el IMSERSO para no quedarme atrás.

Espero que lo aprendido en lomo propio en el pasado me permita ayudarlas a crear un buen perfil personal de sí mismas, a elegir la tipografía, la cabecera y la imagen que quieran mostrar, a bloquear a amigos que un día dejaron de serlo y a descubrir opiniones e ideas de desconocidos que les ayuden a crecer y a madurar. Me gustará que den Like a cuantas cosas les sucedan en la vida, que disfruten, que vivan a tope, que no quieran ser las reinas del chat, que compartan contenidos y que nunca se dejen trolear. Que sean #felices y qué leches, puestos a pedir, que consigan hacerlo viral.

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