Llega el verano y… ¡al agua patos… y niños!

piscina

Cada época del año tiene su peculiaridad y protagonismo. En verano, con el calor que soportamos en gran parte de esta nuestra España (salvo mis queridos amigos norteños, cuánto os envidio), el plan al que toda madre recurre es ¡el agua! Playa, piscina, barreño, manguerazo o lo que se tercie, pero meter al niño a remojo y de paso refrescarte tú, aunque sólo sean los pinreles, es un imprescindible del verano, casi tanto como tener gazpacho en la nevera. ¿Quién no tiene gazpacho en la nevera?, ¿o en su defecto salmorejo?, ¿quién, quién? Nadie, pues igual con los críos, ¿quién es el valiente que no los tiene a remojo con la que está cayendo?

No es un secreto que a mi el verano ni fu, ni fa, no llevo bien el calor y se me derrite el cerebro, hasta tal punto que no soy capaz de hacer planes decentes y que mi hijo disfrute a tope. Con lo que el agua se convierte en mi aliado perfecto para convertir una tarde cualquiera en un divertimento sin igual.

Eso sí, si a tu chiquitín el agua le sobrepasa el ombliguillo toca ponerse manos a la obra y, o bien cargarse de manguitos, churros y flotadores por doquier, o bien pasar al plan B, más definitivo y enseñarle a nadar. Toda precaución es poca, y estos chiquillos en un ay nos dan un susto. Y no hay necesidad, que soluciones hay muchas y la mayoría asequibles.

Yo os recomiendo el plan B, o lo que es lo mismo: enseña a nadar a la criatura que te saldrá a medio plazo más barato y te ahorrará disgustos. Si durante el invierno tenéis tiempo, ganas y el agua de vuestra piscina cubierta más cercana no está muy fría (no os vengáis a vivir a mi barrio, ya aviso, que aquí el termostato no les debe funcionar), apuntad al futuro Michael Phelps a clases de natación. Poquito a poco manejará el churro de natación como nadie, tragará agua como un profesional y nadará “a lo perrito” con estilo propio. Es decir, flotará por sí solo en nada de tiempo y perderá el miedo. Para cuando llegue el próximo verano os pedirá gafas de buceo y tubo de snorkel.

Si el plan B lo habéis decidido pero ya para el próximo curso y estáis viviendo el verano ya intensamente, yo os doy algunas recomendaciones que a mí, en años anteriores, me fueron de fábula:

  • Olvidaros de los socorridos manguitos. Es un comodín muy goloso, para niños y padres pero si lo que queréis es que el churumbel aprenda a nadar, esto lo aleja a pasos agigantados del objetivo. Con ellos vagueará en el agua a cuerpo de rey puesto que no tiene que hacer ningún esfuerzo para mantenerse a flote.
  • Del resto de flotadores, especial cuidado con los clásicos que usábamos nosotros de niños, ¿os acordáis? Esos redondeles tan chulis, esos que si estabas flaquito se quedaban arriba, flotando en el agua mientras tú te ibas para abajo, al fondo de la piscina o del mar. Sobran razones para evitarlos, ¿no os parece?
  • Me encantan los churros, los cinturones con flotadores y especialmente y esos flotadores que usan los monitores de natación, que los meten en el culete del bañador (consejo: comprad bañador una talla más grande). Con éstos últimos al principio se hundirán, tendrás que sujetarles de las manos hasta que se den cuenta que si las mueven consiguen dirigirse donde quieren y pueden flotar solitos.
  • Compradles unas gafas de bucear, lo más parecidas a las vuestras, que sean ‘de mayor’. Tenéis garantizado el buceo. Las primeras veces que las prueben es conveniente que no sea después de alguna comida…. Es mejor que no haya nada en el estómago para cuando el agua entre….
  • Si estáis en la piscina, que papá o mamá se tire a bomba surte un efecto demoledor. Consejo: primero colocad el flotador elegido, después tiraros con los brazos abiertos, vuestro peque no tardará en imitaros. Si le enseñáis la técnica depurada de los saltos a bomba, le tendréis en el bote.
  • Si en uno de sus súper saltos el flotador se escapa y el niño baja…. Mantened la calma, estad atentos por si las moscas, pero no os perdáis la carita de satisfacción que aparecerá cuando suba a la superficie. Eso sí, esa carita durará un segundo, después se hundirá, saltad por él/ella. Pero ese será el principio de un/a gran nadador/a.
  • Si estáis en la playa, dadle sus gafitas de buceo y dejadle experimentar por la orilla, o por donde no le cubra mucho. Enseñadle a buscar conchitas, coquinas o a mirar los cangrejitos por debajo del agua. Así empezó Rayo y hoy tiene su tubo de snorkel y todo. Se pasa las horas muertas viendo la vida submarina de la orilla ;P

En definitiva, no os pongáis en ‘plan padres’ e intentéis enseñarles a nadar. Adoptar una postura más divertida e infantil y mostradles cómo pueden pasárselo en grande en el agua, os imitarán y aprenderán a nadar sin darse cuenta y disfrutando en familia, que es como mejor se aprende.

¿Qué tal nadan vuestros peques?, ¿cómo están pasando el verano?

 

Belén Pardo

Belén Pardo

Se convirtió en madre en el 2007 y desde entonces está empeñada en sacudirse todos los complejos y los convencionalismos que acompañan a la maternidad. Psicóloga de formación y freelance dedicada a la comunicación en la actualidad, ha dado mil y una vueltas en el terreno laboral para poder conseguir la ansiada y casi imposible conciliación. Mamá sin complejos es una bitácora donde plasma sus opiniones y reflexiones sobre crianza, educación y psicología, entre otros muchos temas.

  • Ana María

    Unos consejos estupendos…muchas gracias por compartirlos. Los llevaremos a la práctica.

    4 Agosto, 2014 at 9:12 am Responder
  • Mamá en Bulgaria

    Me vendrán muy bien estos consejos para enseñar a nadar a mi hija mayor este verano.. Yo no aprendí hasta los 16, y ella con casi 6 años ya podrá hacerlo bien. Espero 🙂

    4 Agosto, 2014 at 9:35 am Responder

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