Fiesta mortal

fiesta de niños

Ésta es la zona cero – dice una reportera de televisión desde el descansillo de tu propia casa -. Los desperfectos han sido cuantiosos. Todavía no hay cifras oficiales pero se calculan en miles de euros. Como ven, la zona ha sido absolutamente devastada.

Tú acabas de salir del ascensor y no entiendes nada, tratas de empujarla para poder atravesar el umbral de tu puerta de par en par y al echar una ojeada al salón compruebas que reina el más absoluto caos. Muebles por el suelo, comida pisoteada, juguetes y serpentinas tirados por todos los rincones… Un CSI con traje, acreditación al cuello y guantes de látex, reúne evidencias de la catástrofe ante la atenta mirada de tu madre que lleva un casco militar en la cabeza.

– ¿Qué ha pasado, mamá? – le preguntas desorientada – si sólo me he ido diez minutos a comprar las velas, ¿habéis empezado sin mí?

Con un cepillito minúsculo el hombre del traje recoge huellas de chocolate de la estantería, hace fotos, toma notas. En el suelo, un sándwich de nocilla pisoteado con su silueta marcada en tiza, compite con gusanitos machacados y charcos de fanta. Tratas de seguir avanzando pero los pies se te pegan al suelo, como en esas pesadillas donde te es imposible correr, cuando unos gritos atronadores que llegan desde otra habitación te hacen perder definitivamente el raciocinio ¿Maaaarrrtiiiin? ¿Dónde estás cariño? Es una madre de la clase de tu hijo buscando al suyo por tu casa como si fuera Afganistán.

– ¿Has visto a Martin? – te pregunta con la cara empapada en llanto –, cuando le dije que nos íbamos a casa echó a correr y ya no le he vuelto a ver. De esto hace casi una hora.

Quieres obviar a la mujer gritona pero sigues siendo incapaz de despegar los pies del charco, así que optas por dejar los zapatos en el suelo y continuar descalza tratando de localizar a tu marido que se había quedado a cargo de todo. Por el camino, bebes de todos los vasos que encuentras con la vana esperanza de que alguno lleve licor y te calme los nervios, pero nada, todos son de Micky y Minnie y no contienen más que refrescos con migas dentro.

Por el pasillo te asalta la reportera que sigue al pie la noticia. Pasará mucho tiempo antes de que todo vuelva a la normalidad – le dices muy melodramática -, pero lo peor de todo serán las secuelas emocionales.

Bajo un enorme oso de peluche descabezado y sin ropa, ves cómo asoma la coronilla de tu marido, sentado, con la cabeza apoyada en las manos y una manta térmica y reflectante sobre los hombros. Está destrozado. Te sientas a su lado para consolarle y abrazarle, mientras él llora.

– Lo hemos perdido todo – te dice entre hipos.

Tú le abrazas sin saber cómo darle la noticia, incapaz de controlar el efecto que tus palabras tendrán en su alma devastada. Sabes que gritará de dolor, que sus ojos arrasados no podrán contener más llanto. Por fin te armas de valor y susurras.

– Pues la semana que viene celebramos el cumpleaños de la pequeña con otros veinticinco compañeritos de clase…

Él responde con un alarido, tú le abrazas contra tu pecho, os miráis fijamente a los ojos y una sola palabra escapa de vuestros labios al unísono.

“Chiquipark”

Eva Quevedo

Eva Quevedo

Publicitaria de profesión y vocación, CM, madre acróbata y bloguera. Eva y su Blog De Madre desprenden ironía en cada una de las historias que nos cuentan. Todo “buenrollismo”, como dice ella. Su blog dio el salto de la red a las tiendas al editar un divertido libro con Plaza&Janés. Una forma de sacarle punta a la maternidad y de curar el caos cotidiano a base de amor, humor y un poquito de locura.

  • Marina

    Sólo leyendo el título me ha motivado a leer el post. Buen artículo.

    14 Enero, 2016 at 1:19 pm Responder
  • Blogdemadre

    Gracias, Marina. Me alegro de que te guste 🙂

    25 Enero, 2016 at 12:41 pm Responder

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