¿Estamos preparados para los hijos de los demás?

niños

En esta época estival, tan propia para que las familias socialicen, holgazaneen en la calle y pernocten en casa extraña como auténticos veranoflautas, una pregunta invade el aire. ¿De verdad estamos preparados para soportar las quejas, los lloros y las tontunas del hijo ajeno? Porque verán ustedes, es cierto que da gustillo criar hijos en comunidad, sorteando el cuidado de su vástago a los amigos bañistas en el ratito que necesita usted para hacer algo vital como miccionar o tomarse tres cañas, pero no es menos cierto que ese favor deberá ser devuelto a cambio. Por ello, al salir del agua peinará usted al hijo del vecino del quinto, dará crema al sobrino del amigo que vino a merendar, vigilará paciente a aquel niño de verde que se ha metido en el grupo y nadie sabe quién es y con ello devolverá a la sociedad un precioso bien que le acarreará salud y felicidad. Pero acabará usted hasta el moño. Se lo digo yo.

Porque si ya son de por sí perniciosos para la paciencia y el oído los lamentos de los hijos propios, imagínese cuán desagradables no serán las pataletas de un crío extraño al que ni siquiera puede usted castigar, no hablemos ya de obligar a hacer la digestión o a lavarse los dientes. Por ello, antes de que le dejen hijos de terceros a su cargo, pacte con los padres: ¿esto va de vigilar o también de educar? En caso de que los padres accedan jacarandosos a esta segunda opción, ya puede usted repartir gorrazos y reprimendas a diestro y siniestro – qué maravilla, qué felicidad – sabiendo que si no alcanza a uno de los propios, siempre habrá un hijo postizo que se lleve puesta una charla de manual. Por lo demás, sólo debe usted interiorizar aquel dicho tan cierto de “Donde se pegan dos, se puedan pegar seis” y aguantar con estoicismo el fragor de las peleas infantiles en defensa de lo propio que se desatan en cuanto un amiguito pone los pies en casa.

Ahora bien, si entre los padres no media la suficiente confianza, o estos son un poco rancios y no se dejan mangonear, deberá usted contenerse y vigilar únicamente de que el crío no se ahogue, no se haga heridas inciso-contusas y/o coma inmundicias del suelo. Nada más. No se extralimite o corre el riesgo de que le tachen de acaparador y monopolista en la vecindad. Nada hay más tostón que un padre o madre que cree serlo de todos los hijos del mundo. No tanto por el intrusismo profesional, ojo, como por el puesto en que quedan esos padres. Últimos. Vagones de cola. Farolillos rojos a los que sólo nos falta exhortar en la cara, “Anda, quita, tú qué sabrás”.

Si no quiere terminar usted discutiendo con sus amigos cual colegiales por un cromo arrugado, no juzgue, no recrimine, no exprese. Recuerde siempre que su idea de la paternidad no es única, cierta ni universal y que, mientras no prenda fuego a su casa, el hijo de los vecinos puede estar tan bien educado como el suyo propio. Otra cosa es que le caiga a usted mal, pero de eso ya hablaremos en otro momento…

Eva Quevedo

Eva Quevedo

Publicitaria de profesión y vocación, CM, madre acróbata y bloguera. Eva y su Blog De Madre desprenden ironía en cada una de las historias que nos cuentan. Todo “buenrollismo”, como dice ella. Su blog dio el salto de la red a las tiendas al editar un divertido libro con Plaza&Janés. Una forma de sacarle punta a la maternidad y de curar el caos cotidiano a base de amor, humor y un poquito de locura.

  • Marta

    Reconozco que no estamos preparados la mayoría de las veces.

    9 Agosto, 2015 at 7:14 pm Responder

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